PEZ DE CIUDAD

Este verano mi barco se ha ido sin mí. Y no le culpo. Cansado del cielo gris y de estas aguas turbulentas, puso rumbo a otros mares a pesar del Covid y de las terribles tragedias que asolan el planeta, dejándome en tierra, abandonada en este hastío vital como un pez en una playa sin mar, errante como un taxi por el desierto de nebulosa que nos envuelve, perdida en la oscuridad como Alicia en la madriguera del conejo blanco…

Es un verano extraño. La pandemia ha venido para quedarse. Se suceden las olas, como una marea azul infinita. Y tenemos que aceptarlo: incluir toda su parafernalia de normas, hábitos saludables, artilugios y vocabulario en nuestra rutina diaria. No podemos bajar la guardia, debemos permanecer vigilantes. La bandera blanca no se intuye en el horizonte.

Mi barco no ha entendido mi inconformismo y mi falta de resignación ni tampoco la lógica aplastante de mis argumentos. Contra viento y marea ha decidido cambiar de aires. En su universo marino no hay restricciones, ni mascarillas ni límites de aforo…

Pero en mi mundo terrenal viajar en las condiciones actuales es un sucedáneo que poco tiene que ver con el original que recuerdo con añoranza y melancolía. Como dice con nostalgia el protagonista de “Yo Antes de Tí”, si cerrara los ojos recordaría con exactitud cómo me sentía entonces.

Quisiera emprender un viaje inolvidable, ligera de equipaje, tirar por la borda lastres inútiles y pisar las calles desconocidas nuevamente con la mirada de ayer y a la vez con la esperanza de un mañana alentador.

Espero que mi barco vuelva a buscarme y nos reencontremos en algún punto intermedio entre mi rebeldía y su indiferencia.

Me dices que tenemos que levantar el vuelo,
cambiar de aires,
huir.
Pero allí donde vayamos, iremos tú y yo
y quién sabe si todo esto no vendrá también”.
 MANUEL RIVAS

Deja un comentario