MENSAJE EN UNA BOTELLA


Aun conservo medio arrugado y un poco roto un artículo de Rosa Montero escrito en El País Semanal hace muchos años. Recuerdo que cuando lo leí me pareció una especie de biblia del desamor, un bálsamo para curar heridas y lucir una piel nueva, así que lo arranqué sin dudarlo y lo guardé como oro en paño por si venían malos tiempos. En más de una ocasión, cuando veía a alguna amiga triste y desesperada se lo prestaba: esas palabras eran sanadoras del alma, tanto si  te habían dejado de querer como si eras tú la que sentías que el amor llegaba a su fin.

Por eso me gustaría hoy escribir un mensaje en una botella y tirarlo al mar confiando que alguna mujer que esté sufriendo lo encuentre y su lectura le ayude a recordar que el sol sale cada día  tras la oscuridad de la noche. Sólo hay que abrir la ventana y dejar entrar la luz.

Cuando realicé un trabajo de investigación sobre la violencia de género dentro de los Cursos de Doctorado, allá por 2002, eran cincuenta y cuatro las víctimas muertas a manos de sus parejas al cabo del año. La estadística apenas ha cambiado a pesar de las campañas del gobierno, las medidas legislativas y la acción judicial. Algo falla, es evidente.

De momento no es posible intervenir en el preciso momento en el que un hombre decide agredir o matar a su pareja para evitar el desenlace fatal al estilo de la película Minority Report. Tal vez sea una realidad muy pronto, ahora que la tecnología avanza a una velocidad de infarto. 

Pero sí hay opciones que están ahora a nuestro alcance y que debemos valorar.

Sí, te estoy hablando a ti,  que vives en una nube, casi tocando el cielo, y crees que el control de tu novio a través del móvil, los celos posesivos, las escenas de enfado y reconciliaciones épicas con flores y promesas o sus intentos de separarte de tus amigas o de tu propia familia no son más que un prueba irrefutable de su amor eterno. Aunque no quieras escuchar ni aceptar que esto no es querer, te diré que el amor es sobre todo libertad y que tienes toda la vida por delante para descubrirlo. No pierdas el tiempo con esa relación, no te conformes, no le disculpes, escapa ahora que estás a tiempo. Hay muchos peces en el mar. Decía Gabriel García Márquez que “ninguna persona merece tus lágrimas y quien las merezca no te hará llorar¨

Y también te hablo a ti, que sigues aferrada “como un naúfrago a la orilla de la espalda” de tu verdugo. Convéncete, no va a cambiar, no va a redimirse por ti. No eres Santa Teresa de Calcuta. No te resignes, no repartas culpas. Hay otra vida sin miedo, sin peleas, sin gritos, sin violencia. El matrimonio o la vida en pareja no es una novela de terror ni una experiencia destructiva.  Pelea por ti y haz las maletas. Eres más valiente de lo que imaginas.

A ti te estoy hablando también, la que finge que todo está perfecto, con una casa preciosa, unos niños ideales y un marido de anuncio, la que presume de una familia digna del Hola mientras sufre en silencio. No vale la pena. Puedes engañar a los demás pero tú sabes que el precio es demasiado alto. Él sólo es encantador con la gente de fuera. Pero en cuanto oyes la llave en la cerradura te pones a temblar. Cualquier tontería puede ser el detonante de su ira y tus cuatro paredes de diseño se convierten en un campo de batalla. Procuras apagar el fuego, darle la razón, seguirle la corriente…pero es inútil. Te llueven insultos y golpes. A veces le plantas cara y le reprochas su actitud. Pero entonces los gritos son atronadores, los platos vuelan mientras arde Troya en la cocina y piensas qué dirán vecinos. ¿Qué estás haciendo? Estás malgastando tu vida. Tira de una vez la vaquita por el precipicio y sal de tu falsa zona de confort. Despierta de ese sueño absurdo que te ha llevado a vivir una pesadilla y comprueba que hay miles de oportunidades ahí fuera. La vida es dura e imperfecta pero es tuya y te pertenece. 

A ti, que encadenas relaciones tóxicas con tipos clónicos que terminan tratándote como a un trapo y te dejan destrozada física y psicológicamente. Quizás deberías romper de una vez esta cadena y estar sola una temporada para pensar tranquilamente de quién quieres ir de la mano en el camino que tienes por delante. Como dice G. Marx “puede parecer un idiota y actuar como un idiota, pero no se deje usted engañar, es realmente un idiota”. Pues eso mismo pasa con los maltratadores.

Quiero hablarte a ti, madre, hermana, amiga, vecina: no dejes de insistir, de hacerle ver que ella vale mucho, que no tiene que aguantar…Aunque se enfade, aunque dé un portazo, aunque no te escuche. Por favor, dile que no está sola, que cuenta contigo y conmigo. Y denuncia, si es necesario.

Me dirijo a ti, que por fin has decidido dejarle. Que te has armado de valor y lo has contado todo. Las humillaciones y los moratones también. Un buen día que el espejo te devolvió una imagen que no reconocías: una piltrafa demacrada que no se parecía ni a tu sombra. No le perdones. No vuelvas a creerle. Ya le diste muchas oportunidades. Recuérdalo. No permitas que quebrante con tu consentimiento la orden de alojamiento. No paralices el procedimiento de separación. No retires la denuncia en el Juzgado. No mires atrás. Saldrás de ésta, no tengas miedo. Mantén el paso. Hazlo por ti. Por una vez piensa en ti.

Y, por supuesto, no vuelvas a recoger tus cosas sola, ni acompañada por una amiga. La policía irá contigo. No hay que bajar la guardia, mejor ser precavida.

Te hablo a ti, que has dejado de quererle y él lo sabe. Y no lo acepta. Y te suplica “no te vayas”.  Pero has encontrado a alguien que te quiere y te hace feliz. O no. Simplemente quieres estar sola, tranquila. Y te sientes culpable porque te chantajea con suicidarse. Y así pasan los días y todo sigue igual, porque amenaza con quitarte a los niños, con amargarte la vida. No te quiere, convéncete. Si lo hiciera te daría las alas para volar. 

Me gustaría hablarte a ti, que languideces poco a poco, a ti, que tu vampiro particular te ha ido robando el tiempo y las ganas, hasta abducirte por completo con sus artes sutiles de psicópata narcisista. Ha conseguido anularte. Apenas tienes momentos de lucidez en los que intentas recordar a ese tipo encantador del que te enamoraste y te preguntas cómo pudo esfumarse el amor loco que te profesaba. Aprovecha uno de esos instantes y pide ayuda antes de que sea demasiado tarde. Ya sabes que los vampiros no soportan la luz.

Por último os hablo a todas, para que aprendamos a querernos, a tener relaciones sanas, a no permitir que nadie pisotee nuestra dignidad y a ser felices solas o en compañía. Para que enseñemos a nuestros hijos a respetar y a ser respetados y sobre todo a querer y a ser queridos. Para que exijamos a los poderes públicos que nos escuchen, que nos crean y que nos protejan de nuestros peores enemigos.

Tal vez sea necesaria una nueva asignatura. En Canarias ya es obligatoria la educación emocional en los colegios. A ver si en la península tomamos ejemplo y enseñamos a los niños a desterrar la violencia, a resolver los conflictos dialogando y a dejar de considerar al otro como a alguien de nuestra propiedad.  Como en tantos temas, la educación es fundamental, un faro encendido que nos guía en nuestra travesía y nos alumbra en los momentos de lucha contra el oleaje, en las noches oscuras del alma.