
Es nuestro momento, sin duda, y tenemos que aprovecharlo.
Siempre ha habido mujeres excepcionales que se adelantaron a su tiempo y que han sido ejemplo para la posteridad por diversos motivos: reinas, científicas, artistas, políticas, escritoras, espías, misioneras, filósofas, activistas, combatientes en mil frentes…Y otras muchas heroínas en la sombra que se rebelaron valientemente en silencio y con escasos medios a su alcance contra un destino impuesto sin que la hazaña se recogiera en ningún manual de Historia.
Pero el feminismo vive en este tiempo su época dorada, al menos en lo que se llama pomposamente “primer mundo”(en el resto aún hay mucho camino que recorrer). Nadie se atreve a poner en duda que la mujer sea igual que el hombre. O incluso mejor. Si a alguien se le ocurre pronunciar un comentario con tintes machistas se le cierra la boca o se le peta el twitter de inmediato y se le obliga a retractarse y a pedir perdón por su infamia fuera de lugar.
Ahora que somos jefas, directoras, consejeras, empresarias, ministras, presidentas, portavozas, juezas, fiscalas, generalas de los ejércitos, astronautas, capitanas, mineras, deportistas de élite, camarógrafas, bomberas, mecánicas, maquinistas, taxistas, camioneras, ingenieras, estibadoras…
Ahora que sacamos mejor nota que ellos en cualquier carrera
Ahora que nuestra valía no se cuestiona por el hecho de ser mujer (salvo por algún cavernícola desubicado)
Ahora que nos convertimos en las candidatas favoritas para promocionar en las empresas tradicionalmente de hombres sin cuota femenina
Ahora que no se celebra el desfile de Victoria Secret y las participantes en el Certamen de Miss Universo no se exhiben en bañador y ya no tendremos que mortificarnos por no poseer esas medidas de infarto ni ser tan divinas de la muerte
Ahora que hasta un partido político se llama Unidas Podemos
Ahora que el género no entiende de sexo y hemos conseguido que muchos hombres se refieran a sí mismos en femenino
Ahora que el plural ha dejado de ser tiránico e inclusivo y cualquier discurso que se precie distingue entre ellos y ellas en todas las circunstancias posibles
Ahora que lucimos estupendamente sin depilar reivindicando que el pelo es bello donde quiera que esté mientras que ellos están cada vez más preocupados por su aspecto y dispuestos a someterse a la esclavitud del afeitado a lo largo de toda su anatomía
Ahora que los chicos se tienen que contener sus piropos y sus groserías porque ha dejado de estar bien visto o considerarse una ocurrencia más o menos simpática y espontánea
Ahora que no tienen que cedernos el paso o el asiento porque no somos florecillas delicadas que deban ser mimadas
Ahora que es posible engordar sin que se especule en voz alta sobre un hipotético embarazo
Ahora que logramos decidir libremente ser solteras y no tener hijos sin que nadie pueda comentar de forma condescendiente que se nos está pasando el arroz
Ahora que no salimos en ningún anuncio realizando tareas del hogar, definitivamente asumidas por el hombre moderno ni se utiliza nuestro cuerpo escultural como reclamo publicitario
Ahora que las azafatas de eventos deportivos no están obligadas a ponerse faldita corta y pueden abrigarse si hace frío
Ahora que al vencedor no le besan dos chicas guapas en la entrega del trofeo
Ahora que las niñas eligen, si lo prefieren, pantalones de uniforme para el cole
Ahora que hemos dado el pecho a nuestros bebés en el Congreso
Ahora que conjugamos constantemente el verbo empoderar
Ahora que, siendo listas y preparadas, evitamos la cárcel alegando desconocer los negocios de nuestros maridos
Ahora que salimos a la calle en manada y sin pensarlo en defensa de cualquier hermana en apuros
Ahora que el movimiento Me Too recorre el mundo
Ahora que celebramos fraternalmente el Día Internacional de la Mujer Trabajadora…
Una súplica: Por favor, no desperdiciemos esta oportunidad y perdamos el norte de nuestras reivindicaciones y argumentos. Porque la noble causa de la lucha por la igualdad puede ser utilizada para cortarnos las alas de nuestra libertad, bien supremo que tanto esfuerzo nos ha costado alcanzar. Y acabemos muriendo de éxito.
Decía Hannah Arendt que “los movimientos totalitarios usan y abusan de las libertades democráticas con el fin de abolirlas”. Yo ahí lo dejo…
(Continuará)
Pues resulta que no hace mucho tiempo, una amiga consiguió un trabajo después de mucho tiempo buscando . El trabajo era de camerera en un pub donde había mucha gente joven y buen rollo.
A la entrevista acudió en pantalon, al trabajo acudía en pantalones vaqueros pero al tercer día el jefe, de unos 40 años, le recriminó y le mandó poner vestido cortito o minifalda.
La chica le contestó que se lo pusiera él o su madre.
En mi opinión muy bien la contestación. Pero se quedó sin trabajo la pobre.